Tiempo
El día sólo tiene 24 horas. Es común que los
que se dedican en cuerpo y alma al trabajo o
al ocio digan públicamente que lamentan su
vehemencia. Dicen que se arrepienten
porque en su casa ya no los reconocen y en
su oficina suenan fanfarrias cada vez que
deciden irse. Cuando en la Ley del Trabajo,
en tiempos revolucionarios, se estableció que
la jornada laboral fuera de ocho horas,
consideraron que era un gran triunfo. Y lo es.
Iniciaba el Siglo XX. Ahora que empieza el
Siglo XXI, en el medio del cine, el video, la
televisión y la publicidad, las jornadas de
trabajo pueden ser interminables.
Escuchamos esta frase hace unos días:
“nosotros trabajamos medio día, de 12 a 12”.
Horas les faltan.
Luis Buñuel, en su delicioso libro Mi último
suspiro, presume que siempre concluyó los
días de filmación a sus horas, y no a
deshoras. El genial cineasta escribía sus
guiones a detalle, muchos de ellos en San
José Purúa junto con Jean Claude Carriere, y
planeaba la filmación día con día. Nunca dejó
que las prisas lo cambiaran, ni que la tonta
improvisación se adueñara de sus escenas.
Siempre tomó en cuenta el tiempo y camino
junto con él toda su vida.
En Italia han formado una asociación de
restaurantes de comida lenta, en oposición a
la fiebre de restaurantes de comida rápida
que invaden la península . En Nueva York a la
gente le está gustando ir a restaurantes de
más de 200 mesas que siempre están
llenos. Quieren convivir. Y en México cada vez
hay más cafés en todo el país a los que la
gente asiste mañana, tarde y noche.
Fórmulas precisas de cómo ocupar el tiempo
no existen. Sabemos que cuando alguien
logra conectarse en un proyecto que da
sentido a su vida, da la impresión que el
tiempo desaparece. Momento de gran gozo.
Entonces se camina junto con él tiempo que
así ayuda a madurar las ideas y las
propuestas. Cuando el proyecto avanza, nadie
carga al tiempo. En el momento en el que se
piensa que se perdió el tiempo y hay muchos
pendientes en el camino, entonces la
dedicación ha sido un exceso y es tiempo de
considerar otra forma de vivir.
Los motores de los automóviles tiemblan, se
paran y mal funcionan cuando (dicen los
mecánicos) no están a tiempo. Como si las
piezas que los hacen trabajar se pusieran
nerviosas, el motor tartamudea y suena
horrible. Muchas veces, basta apretar con
sensibilidad un tornillo para que el vehículo
se vea y oiga bien y tome su camino.