Milenio
Concluye nuestro milenio. Viéndolo a
distancia podemos sumarle cualquier
cantidad de atrocidades y de maravillas.
Asombrosos han sido los avances. Los
descubrimientos nos han llenado de
necesidades y permiten que la vida se
alargue y que sea más cómoda para algunos.
Cuántas noticias increíbles hemos
escuchado y vivido. Recuerdo con precisión la
madrugada en que vi emocionado la llegada
del hombre a la luna. Dolor siente la memoria
cuando vienen a la vista las imágenes del
terremoto del 85, la pobreza de los indígenas
de Chiapas y las limosneras de diciembre de
la carretera San Luis Potosí-Matehuala.
¿Cuántas esperanzas caben en un milenio?
Dicen muchos que somos un país joven y
que no hay manera de avanzar más rápido.
Que lo que tenemos es todo lo que hemos
podido hacer. No hay más. Nuestras
limitaciones se ven. Frente a la tecnología
está la miseria. Junto al auto de lujo el
limpiavidrios y el vendedor de chicles.
Al fin del milenio cientos de imágenes van y
vienen. Efímeras todas, las más intensas son
las que nos dan hambre de vivir. Hoy parece
que todo coincide para inaugurar una nueva
época. Estamos en un buen momento para
pensar lo que vamos hacer y a lo que
dedicaremos nuestro tiempo el próximo
milenio. Reglas no hay. Los libros que
enseñan cómo llegar a la felicidad
desaparecen de las librerías y están de moda
los que dan recetas para ser eficientes.
Y entonces vuelve la pregunta: ¿qué hacer el
próximo milenio?
Si usted mañana tuviera que pintar de blanco
un gran salón seguro se preguntaría por
dónde empezar. Si sus dudas fueran muchas
buscaría a su jefe y trataría de que él tomara
la decisión. Pero si se detiene un momento a
reflexionar, fácil es caer en la cuenta de que
puede empezar por cualquier lado en tanto de
lo que se trata es pintar todo el salón y no
sólo una parte.
La vida no se vive en partes. ¿Hoy sí y
mañana no? No es posible.
Hay que tomar la brocha y el bote de pintura.
Empezar a pintar va marcando camino y
trayectoria. Y es posible que una pared aburra
y encontremos que la de enfrente resulte más
divertida. Hay que buscar escaleras, nuevas
brochas, más pintura (que puede ser de otros
colores), trapos para limpiar y ánimo para no
dejar las cosas a la mitad. La ayuda siempre
es buena, la radio en la estación predilecta, el
saludo matutino, la conversación para saber
cómo anda el mundo hoy, el cruce de vidas,
un chocolate, un helado al mediodía…